25 septiembre 2008

Slow

- Papá, mamá soy lento. Las cosas "me cuestan".
- Jefes, no puedo realizar más de una actividad a la vez.
- Mujer, hijos. Papá no es el primero.
- "Soy lento". Sí, lo admito.
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¿Es esto negativo?, ¿ya no soy tan buen hijo, empleado o marido-padre?.
Vívimos sumidos en una particular carrera de obstáculos en la que controlar el cronómetro hasta la milésima determina nuestra existencia. Las ciudades se vuelven anónimas y levitamos sumidos en nuestro peculiar universo de intereses. La prisa es el motor de todas nuestras acciones, envuelve nuestra vida acelerándola, economizando cada segundo, rindiendo culto a una velocidad que no nos hace ser mejores.
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Hasta en nuestras escasas horas de ocio intentamos extraer la máxima diversión. Para muchas personas, consumir sus ingresos se ha convertido en una actividad más intensa y agotadora que ganarlos.
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Partiendo de éstas premisas sobre las que se basa el movimiento "Slow", he decidido sumarme a él. Pero como siempre, no me identifico al 100% con todo lo que proclama. Al igual que existe el SlowFood, las SlowCities, o el SlowSex, -ésta, si me ha convencido-, he decidido crear el SlowFabadia.
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"No por mucho madrugar.... se vive mejor, ni amanece más temprano". Esta frase ha sido la causante de no ser un fiel ultraortodoxo.
"Lo que bien empieza, bien acaba". La forma de empezar una mañana suele determinar el ritmo del resto del día.
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¡Madruga!. Levántate pronto, prepárate un desayuno de hotel,- café, tostadas recien hechas, jamón de york, fruta, zumo-, lee algo mientras lo haces, aunque sea el periódico de ayer, o el que te has guardado del fin de semana pasado porque no te dio tiempo. Actúa como si..., estuvieras en ese hotel de 5 estrellas paradisíaco al que bajas a desayunar para coger fuerzas y comenzar ese nuevo día de vacaciones. Centrate en crear un buen comienzo en el día y comprobarás como afecta a la calidad de ese día.
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No sé si podemos cambiar éste mundo y ralentizarlo para disfrutar de los placeres de la "lentitud", pero lo que si os aseguro, es que todas las mañanas me siento privilegiado, no sólo porque desayune de la manera descrita, sino porque cuando son las 8, yo ya llevo un par de horas de ventaja.
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Porque, tal y como proclamaba el arriero al que cantaba el mejicáno Vicente Fernández, "no hay que llegar el primero, sino saber llegar", o lo extraído del lugar de donde he conseguido la foto; "El caracol camina despacio, pero escala montañas", yo ya llevo mi "marchica".
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Buena Cortesía

1 comentario:

Martín dijo...

Estoy completamente de acuerdo contigo. Las prisas siempre son malas consejeras. Disfrutar del momento requiere dedicarle el tiempo que precise.
Lo de levantarme dos horas antes no lo he probado. Igual algún día lo intento, ya te contaré.